Historias · Pieza N.º 001

Vuelos de la Libertad: siete años, dos aviones al día y una regla que partió familias

Ilustración de cartel: el Malecón, el faro, la ciudad al atardecer y un avión de hélice que se aleja (imagen provisional)

Pieza N.º 001 · Colección 01

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Durante siete años, dos veces al día, un avión salía de Varadero lleno de familias que no sabían si volverían a ver su casa. Los llamaron los Vuelos de la Libertad. Fue el mayor puente aéreo de refugiados de la historia de Estados Unidos, y probablemente la razón por la que muchos de nosotros nacimos en este país. Esta es la historia completa.

Septiembre de 1965: el puerto que se abrió de golpe

El 28 de septiembre de 1965, Fidel Castro anunció que los cubanos con familia en Estados Unidos podían irse, y que sus parientes podían venir a buscarlos en barco al puerto de Camarioca, en Matanzas. En cuestión de días, cientos de embarcaciones pequeñas salieron desde la Florida a cruzar el estrecho. Muchas no estaban hechas para ese mar. La Guardia Costera no daba abasto, y los dos gobiernos entendieron que aquello iba a terminar en tragedia si nadie lo ordenaba.

Un acuerdo entre enemigos

El 3 de octubre, frente a la Estatua de la Libertad, el presidente Lyndon B. Johnson dijo que los cubanos que buscaran refugio en América lo encontrarían. Washington y La Habana, que no tenían relaciones diplomáticas, negociaron a través de la Embajada de Suiza. El 6 de noviembre de 1965 intercambiaron las notas de un acuerdo: tendrían prioridad los familiares directos de quienes ya vivían en Estados Unidos, y saldrían entre 3.000 y 4.000 personas al mes desde el aeropuerto de Varadero.

Mientras tanto, entre el 13 y el 24 de noviembre, barcos contratados por Estados Unidos recogieron a unas 2.000 personas que se habían quedado varadas en Camarioca.

Dos aviones al día desde Varadero

El 1 de diciembre de 1965 despegó el primer vuelo. A partir de ahí salieron dos al día, cinco días a la semana, durante más de siete años. Para subir había que estar en una lista, y la espera podía durar dos años. La demanda fue tan grande que, según reportes de la época, en 1968 había cerca de un millón de personas apuntadas para irse.

El precio de pedir la salida

Pedir la salida tenía consecuencias. Muchos perdían el trabajo en cuanto presentaban los papeles. Los Comités de Defensa de la Revolución los vigilaban, los señalaban en el barrio y les gritaban «gusanos», la palabra que el propio gobierno usaba para los que se iban. Algunos fueron enviados a trabajar en campamentos agrícolas lejos de su casa mientras esperaban su turno.

Y antes de salir llegaba el inventario: alguien pasaba por la casa a anotar lo que había dentro. Cuando el avión despegaba, la casa y todo lo que quedaba en ella pasaban al Estado.

La regla que partió familias

Cuba puso sus condiciones en notas aparte: los hombres en edad de servicio militar, algunos técnicos y profesionales y los presos políticos no podían salir. Por eso en aquellos aviones viajaban sobre todo mujeres, niños y abuelos. Hubo madres que llegaron solas con sus hijos y esposos que se quedaron atrás esperando años para reunirse con ellos. Detrás de muchas fotos familiares de esa época hay una silla vacía.

«El Refugio»: la torre de Biscayne

Al aterrizar en Miami, el primer destino era un edificio en Biscayne Boulevard que hoy conocemos como la Torre de la Libertad. Entre 1962 y 1974 funcionó allí el centro de ayuda a los refugiados cubanos. Los cubanos lo llamaban simplemente «el Refugio». Allí te hacían el chequeo médico, te daban una identificación, te ayudaban a buscar a tus familiares y te entregaban ayuda federal y comida: el famoso queso y la carne enlatada que muchas familias todavía recuerdan. Por eso la llamaron «la Ellis Island del Sur».

Lo que no te contaron

El cierre fue decisión de La Habana. En mayo de 1969 el gobierno cubano dejó de aceptar nuevas solicitudes, entre mayo y diciembre de 1972 suspendió los vuelos, y el 6 de abril de 1973 aterrizó en Miami el último. Castro se había quejado repetidamente de que el país perdía médicos, técnicos y mano de obra. Con la puerta cerrada, muchos que se quedaron en la lista terminaron intentando cruzar el estrecho por su cuenta.

Una ley nació de esos aviones. Al principio los recién llegados tenían un permiso temporal, porque todos, gobiernos incluidos, creían que el regreso sería pronto. Cuando quedó claro que no, el Congreso aprobó en noviembre de 1966 la Ley de Ajuste Cubano, que les abrió el camino a la residencia permanente. Esa ley sigue vigente hoy.

¿Cuántos fueron? Depende de la fuente. Los registros del programa hablan de 3.048 vuelos y 297.318 personas. Una nota oficial del Departamento de Estado cuenta 260.737 refugiados hasta abril de 1973. Lo que nadie discute es el tamaño: casi 300.000 cubanos en siete años.

Lo que cambió para siempre

Muchos de los que llegaron en esos aviones ni siquiera sabían inglés y encontraron carteles que decían que no se alquilaba a cubanos. En una generación levantaron bodegas, negocios, bancos y barrios enteros. La Pequeña Habana y la Hialeah que conocemos hoy le deben mucho a esos dos vuelos diarios.

Si tu familia llegó a Estados Unidos entre 1965 y 1973, es muy probable que viniera en uno de ellos. Pregúntale a tu abuela en qué año llegó, quién se quedó atrás y qué trajo en la maleta. Esa respuesta también es historia de Cuba, la que no aparece en los libros que se enseñan en la isla.

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Fuentes

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